Aquí podrás leer a los pluralistas, Empédocles, Anaxágoras y los atomistas, mucho más en Amor por la Sabiduría.
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Primer Intento de Conciliación
Por convincentes que fueran las razones parmenídeas sobre la unidad, la eternidad y la inmovilidad del ser, la solución de que la multiplicidad, la temporalidad y el cambio que nos muestran los sentidos es pura apariencia no era del todo aceptable. Ha habido varios intentos de superar esta antinomia: la de Empédocles, la de Anaxágoras y la de los atomistas.
Aunque sus diferencias son importantes, se agrupan bajo el nombre de «pluralistas». Porque están de acuerdo en un punto básico: consideran que todo no existe a partir de un solo principio, como lo recomiendan las cosmologías jónicas. Sino a partir de diferentes elementos primordiales (pluralismo) y que los cambios que observamos no son verdaderas transformaciones de estos elementos, que siempre permanecen iguales, sino combinaciones puras y recombinación de ellos.
De esta manera, por un lado, se guardan los principios de Parménides. Es decir, siempre ha sido y no puede dejar de ser o cambiar. Y, por otro lado, hay una razón para los cambios que nos muestran los sentidos. Intentan combinar las posiciones de Parménides y Heráclito. Por un lado, admiten la existencia de realidades primarias, inmutables, engendradas e imperecederas (cualidades del ser parmenídeo), excepto por la singularidad. Y, por otro lado, a través de la combinación de estas realidades originales, se explica el movimiento, sin pasar del ser al no ser.
Para dar un ejemplo muy simplista de esta base explicativa, imagina un juego de construcción para niños, como una «mecánica», que consiste en un conjunto de piezas de varios tipos. Con ellos, podemos hacer tanto una casa como un bote. Una vez hecho esto, podemos deshacerlos y hacer otros con las mismas piezas. Lo que era una casa «se convirtió» en un barco, pero de hecho las piezas no han cambiado nada, siempre son las mismas: no hay apariencia de cosas nuevas ni destrucción de las existentes, sino un cambio puro de su disposición. No hay, entonces, creación ni aniquilación, sino composición y descomposición.
Empédocles – las raíces del todo
Según Empédocles (Sicilia) hay cuatro tipos de arjé en la naturaleza: fuego, aire, tierra y agua. Son las raíces de todo, aunque también se conocen como los cuatro elementos. Estas sustancias son eternas y no sufren ninguna transformación. Las cosas que vemos (vegetales, animales …) no son más que combinaciones, en diferentes proporciones (influencia pitagórica) de estos elementos. Combinaciones que varían formando nuevos compuestos.
Pero Empédocles no creía que los mismos elementos pudieran ser la causa de los procesos de composición y descomposición, y por lo tanto postula la existencia de dos fuerzas que él llamará «Amor» (atracción) y «Odio» (repulsión) que, actuando sobre los elementos, causan los diferentes agregados que forman los seres de la naturaleza.
La actividad de estas fuerzas sigue ciclos constantes y repetitivos: cuando predomina el Amor, todo se junta formando una esfera compacta; poco a poco va penetrando el Odio, se empieza a desintegrar y se forman los diversos seres, hasta que se llega a una desintegración total a partir de la cual comienza el proceso inverso. Así, la muerte no es más que la separación de las partículas de estos elementos, que integran los cuerpos y se reagrupan para formar otros en un movimiento giratorio eterno.
Anaxágoras – en todo hay de todo
Anaxágoras (Jonia) consideró que solo con las cuatro formas cualitativas de Empédocles no podían explicar la infinita variedad de cualidades existentes en la Naturaleza. Debía haber infinitas formas básicas de ser. A partir de Parménides, no puede aparecer nada que no existiera, lo que lo llevó a deducir que «en todo hay de todo». Esto implica que en la materia no puede haber límite; esto podría dividirse infinitamente, y en cada división hay de todo.
Las unidades cualitativas, no materialmente separables, Anaxágoras denominaban «semillas» («espermas») y serían el tipo básico de ser. Para explicar el dinamismo de la materia, introdujo un nuevo concepto: el «Nous» (inteligencia mental o informática) que sirvió para explicar por qué los agregados, las cosas, se formaron de manera ordenada y no al azar. El «Nous» es un tipo de sustancia también material y puede dirigir el movimiento. Dicho esto, continúa explicando la formación de todas las cosas desde un vórtice inicial, a través de un proceso casi mecanicista como el de Empédocles.
Atomistas – átomos infinitos en un espacio infinito
El sistema que será más importante a largo plazo, ya que servirá de base para la ciencia moderna, es el atomismo iniciado por Leucipo de Mileto y desarrollado por su discípulo Demócrito de Abdera (antigua colonia griega en la costa sur de España que parece corresponder a la actual Almería). Afirma que toda la realidad se compone de dos formas de ser: el pleno (o ser) y el vacío (o el no-ser).
El total es cuantitativamente múltiple, es decir, hay muchos seres infinitos completos, llamados «átomos», que significa «indivisible». Solo lo que consiste en partes separables es divisible, es decir, que hay algo entre ellas. Los átomos, al estar llenos, están hechos de nada más que ellos mismos, y por lo tanto no hay vacío (que es la otra forma de ser) dentro de ellos, lo que los hace indivisibles.
Son las verdaderas unidades de todo. Cada átomo es engendrado, eterno e inmutable, de modo que cada uno es más o menos como el ser de Parménides. Cualitativamente son todos iguales, pero difieren en forma, tamaño, posición y densidad. Son tan pequeños que no son visibles. Se mueven eternamente en un espacio infinito y vacío. A menudo chocan y muchos se atascan. De esta forma se forman cuerpos, que no son más que agregados de átomos.
Pero si los átomos son cualitativamente iguales, ¿por qué nuestros sentidos capturan cualidades tan diferentes? Según Demócrito, es necesario distinguir entre dos tipos de cualidades: las que realmente existen (medida, figura y posición de los átomos) y las que resultan de la forma en que estas afectan primero nuestros sentidos (colores, olores, etc.), ya están que entonces, puramente subjetivo. Esta es la distinción que luego se conocerá como «cualidades primarias y secundarias», que serán tan importantes para la ciencia moderna.
Con todo esto, Demócrito crea la primera concepción mecanicista del Universo, basada en tres principios generales: átomos, movimiento y espacio vacío. El movimiento, eterno y necesario, les da a los átomos un impulso circular (torbellino) mediante el cual se ajustan de acuerdo con la compatibilidad. El espacio vacío (necesario para la existencia del movimiento) es equivalente a un no ser relativo en oposición a la realidad completa que son los átomos.